POR Carlos Fernández-Vega
En otra temporada del gustado juego neoliberal “Atínale a la cifra”, patrocinado por instituciones financieras “multilaterales” y organismos privados dedicados, según dicen, a vaticinar el futuro económico del planeta (siempre con resultados más que discutibles), parece que México sale más o menos bien librado, aunque no tanto, en una primera lectura del Fondo Monetario Internacional: “Pese al contexto internacional marcado por el conflicto armado en Medio Oriente (nótese: no dice agresión de Estados Unidos e Israel a Irán), para 2026 elevamos su pronóstico de crecimiento a 1.6 por ciento, luego de que en enero pasado fue estimado en 1.5 por ciento; para 2027, sube de 2.1 a 2.2 por ciento”.
El “envión”, por llamarle así a la “videncia”, que el FMI da a la economía mexicana forma parte del reciente informe de esta institución financiera ( Perspectivas de la economía mundial), en el que comenta que “tras haber resistido al aumento de las barreras comerciales y la incertidumbre el año pasado (nunca menciona los aranceles y chantajes de Trump), la actividad mundial enfrenta ahora la dura prueba del estallido de la guerra en Oriente Medio. Bajo el supuesto de que el conflicto siga siendo de duración y alcance limitados, se proyecta que el crecimiento mundial se desacelere hasta 3.1 por ciento en 2026 y a 3.2 por ciento en 2027. Para el presente año se estima un leve aumento de la inflación general, que volvería a descender en el siguiente. Se prevé que la desaceleración del crecimiento y el aumento de la inflación sean especialmente pronunciados en las economías de mercados emergentes y en desarrollo”.
Sin embargo, según dice, “los riesgos desfavorables dominan las perspectivas” y considera (todo en la misma cubeta) que un conflicto más prolongado o amplio, el agravamiento de la fragmentación geopolítica, un reajuste de las expectativas acerca de la productividad impulsada por la inteligencia artificial o nuevas tensiones comerciales podrían debilitar notablemente el crecimiento y desestabilizar los mercados financieros. “El elevado nivel de deuda pública y la pérdida de credibilidad institucional acentúan las vulnerabilidades. Pero la actividad económica podría repuntar si el aumento de la productividad gracias a la inteligencia artificial se materializa más pronto o si las tensiones comerciales se reducen de forma sostenida”.
Y vende más humo: “Es esencial fomentar la adaptabilidad, mantener marcos de políticas creíbles y reforzar la cooperación internacional para sortear el shock actual y también prepararse para futuras perturbaciones en un entorno mundial cada vez más incierto. El incremento del gasto en defensa provocado por el aumento de las tensiones geopolíticas podría impulsar la actividad económica a corto plazo, pero también generar presiones inflacionarias, debilitar la sostenibilidad fiscal y externa y entrañar un riesgo de desplazamiento del gasto social, lo que a su vez podría producir descontento y malestar social. Cuando estalla un conflicto surgen profundas disyuntivas macroeconómicas y se producen cicatrices que se prolongan mucho más allá del impacto inmediato del citado conflicto en Medio Oriente”.
Sin la guerra (léase si Trump y Netanyahu no hubieran agredido a Irán), “las previsiones de crecimiento mundial se habrían revisado al alza. De hecho, con los supuestos anteriores al conflicto, los pronósticos habrían mostrado una ligera revisión al alza de 0.1 puntos porcentuales del crecimiento para 2026 respecto a la actualización de enero del informe, que lo hubiera situado en 3.4 por ciento. Por lo tanto, la revisión a la baja para el presente año se debe principalmente a las perturbaciones derivadas del conflicto en Oriente Medio, compensadas en parte por el efecto de arrastre de los buenos datos recientes y la reducción de las tasas arancelarias”.
De cualquier suerte, la nueva temporada de “Atínale a la cifra” admite que “los riesgos desfavorables siguen predominando, pese a que ya se ha materializado una escalada de las tensiones geopolíticas. Ella podría agravarse, dando lugar a la mayor crisis energética de la era moderna y estallar tensiones políticas internas. Los factores de tensión política pueden complicarse con los cambios en las políticas comerciales y otras políticas internacionales”. Eso sí, nunca deja de “recomendar” más “reformas” neoliberales. Y hasta la próxima.
Las rebanadas del pastel
¡Qué raro! El Departamento de Estado decide qué países son “patrocinadores del terrorismo”, los incorpora a su inventario y los sanciona. Pero en su registro nunca aparecen los verdaderos terroristas: Estados Unidos e Israel.
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