Arnoldo, Rigo y AMLO

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LA COMUNA / POR  JOSE ANGEL SOLORIO MARTINEZ

 

He tenido la suerte, de estar presente en tres de los eventos de masas más relevantes del país, en la historia contemporánea. El primero: el cierre de campaña de Arnoldo Martínez Verdugo, como candidato presidencial del Partido Socialista Unificado de México, en el Zócalo, –1982– con un conglomerado social nunca visto antes, en jornadas electorales; el segundo, el concierto de Rigo Tovar en el lecho del río Santa Catarina en Monterrey Nuevo León –el año de 1981, más de 400 mil regiomontanos lo vitorearon; más de 100 mil, de los que adoraron al Papa por similares fechas– y el tercero: la mega marcha contra el desafuero –2005– encabezada por Andrés Manuel López Obrador.
Esa triada de actos sociales, fueron disruptivos en un México caracterizado por la emergencia de nuevos actores socio-políticos y culturales y un Estado omiso a las demandas del pueblo.
Martínez Verdugo en el Zócalo, estaba mostrando que el país y su Izquierda más lúcida, deberían poner en el centro de sus estrategias, la lucha por la democracia. La lucha electoral y no la armada –era incuestionable, la derrota de la guerrilla mexicana–, era el camino correcto para delinear un país más democrático y más justo.
La lucha electoral y sus resultados, era una herramienta que la Izquierda debía incorporar a sus proyectos para la construcción de una patria con menos asimetrías sociales, políticas y económicas.
El aún poco dimensionado Arnoldo, tiene mucho que ver en los cambios trascendentales del México moderno. No sólo evitó, que muchos jóvenes optaran por la escabrosa vía armada para cambiar un sistema político que los oprimía; también dio claridad y paciencia, ante lo largo que sería el camino de las urnas para transformar el país gobernado por un régimen avieso y truculento.
El concierto de Rigo en Monterrey, significó la más poderosa explosión de la música popular; sus esquirlas, penetraron los clasistas espíritus de las élites norestenses que se rindieron ante las armonías y las letras del suburbio. (No es totalmente exagerado comparar el riguismo, con la incursión del tango en Argentina: desde los burdeles y los barrios, entró a los salones de fiesta de las oligarquías sudamericanas).
Rigo llevó a los exponentes de la música regional, a vestir con desparpajo y con orgullo. La configuración de los nuevos trajes de los grupos musicales, mucho le deben al matamorense. Es muy probable, que el riguismo no se vislumbre hoy en la armonía y en la prosa, tanto como en el atuendo –continuidad pura– que siguen presumiendo los cantantes y sus acompañantes en los espectáculos.
La diversidad cromática del vestuario, del matamorense, dejó atrás el discreto colorido de los grupos locales y nacionales.
Culturalmente, el Costa Azul, en Monterrey es descubridor de un mercado –hasta ese día disperso y anónimo– musical que en el noreste mexicano ha ido cotidianamente en expansión.
¿Quién puede criticar a Rigo, que es amor?
La manifestación contra el desafuero de AMLO de la jefatura de Gobierno de la CDMX por Fox, generó una de las movilizaciones más nutridas en la historia de México.
Horas marchando; Zócalo lleno y el contingente que trataba de entrar, llegaba hasta el Ángel.
De regreso a mi hotel, pregunté al chofer del taxi:
–¿Cuánta gente participaría en la marcha de López Obrador?
Me dijo, con aplomo:
–Como tres millones.
Siempre he creído que agrandó la cifra.
AMLO convocó a una marcha para el 27 de noviembre en la CDMX. Como parte, de lo que serán los actos en torno a su cuarto año de gobierno. Y obvio: para aplastar a quienes osaron disputarle las calles; sus calles.
Ahí estaré.
Marcharé.
E iré recordando, a Martínez Verdugo, a Rigo Tovar y a AMLO, agradecido por la oportunidad de coincidir con ellos en sus respectivos sueños y anhelos.

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